La importancia del uso de ventiladores en invernaderos.

Una alta producción está íntimamente relacionada con la salud del cultivo, esto se consigue manteniendo la temperatura y humedad dentro de los valores adecuados, de modo que las condiciones ambientales sean las óptimas para el cultivo al interior del invernadero. Un buen sistema de ventilación es fundamental tanto para una buena gestión de temperatura como el de la humedad, esto permite reducir el riesgo de enfermedades y otros factores que interfieran en el desarrollo de la planta. [1].

En un invernadero, la ventilación consiste en remover aire del interior del invernadero y reemplazarlo por aire del exterior, esto puede llevarse a cabo por dos métodos; Ventilación natural, el cual se lleva a cabo mediante ventanas y diferencias de temperaturas; Ventilación mecánica, realizada a través de ventiladores. El propósito de la ventilación puede variar dependiendo de las estaciones del año.

En invierno, junto con la calefacción, ayuda a que el calor su distribuya con mayor velocidad dentro del invernadero y de un modo uniforme; protegiendo a la planta de bajas temperaturas. Además, debido a que el aire caliente es menos denso, este tiende a subir, de modo que los ventiladores permiten regresar el aire caliente hacia el cultivo, removiéndolo desde la parte superior del invernadero y distribuyéndolo en la superficie donde se encuentran las plantas.

En verano ayuda a desplazar el aire dentro del invernadero para refrescar el cultivo. Recientemente, se han registrado incrementos importantes de temperatura aún en típicas zonas templadas de la República Mexicana. El sistema de ventilación debe mover el aire de manera efectiva directamente a través del cultivo y sobre el suelo, esto para evitar una acumulación excesiva de temperatura alrededor de las plantas [2].

En otoño y la primavera son estaciones en las que las enfermedades, relacionadas con la humedad, suelen alcanzar su punto máximo en los invernaderos. Los días soleados aumentan la transpiración de la humedad de la superficie de las hojas y la evaporación del suelo. El aire caliente retiene la humedad en forma de vapor. Por la noche, cuando el aire se enfría, se produce condensación y se forman gotas de agua en las superficies más frías, tales como las hojas y paredes [3]. Esta humedad promueve la germinación de esporas de patógenos fúngicos. Debido a que humedades superiores al 90% fomentan el desarrollo de enfermedades fúngicas, resulta efectivo expulsar el aire húmedo y reemplazarlo con aire seco extraído del exterior, permitiendo mantener la humedad en niveles aceptables, evitando la condensación en las superficies de las hojas [3], además de proveer flujo uniforme del aire dentro del invernadero y de mantener los niveles aceptables de concentración de dióxido de carbono (CO2).

La ventilación también es importante para la circulación del aire y la reposición CO2. La mala circulación de aire reduce la actividad de la planta y puede generar problemas con la humedad y el manejo de enfermedades. El movimiento del aire en el invernadero debe estar entre 0,2 y 0,7 metros por segundo. Si los niveles de dióxido de carbono no se mantienen, el crecimiento de las plantas se ve afectado, ya que al terminarse el CO2; la fotosíntesis deja de llevarse a cabo; una combinación entre ventilación natural y mecánica ayuda a que el CO2 se distribuya de manera eficiente al interior del invernadero y no se detenga el proceso [4].

[1] J. A. Watson, C. Gómez, D. E. Buffington, R. A. Bucklin, R. W. Henley, and D. B. McConnell. 2019. “Greenhouse Ventilation.” UF. IFAS Extension University of Florida: AE-10.

[2] Grange, R. I., and D. W. Hand. 1987. “A review of the effects of atmospheric humidity on the growth of horticultural crops.” Journal of Horticultural Science 62(2): 125–134

[3] Bartok J.W. 1990. Lower Humidity Levels in Your Greenhouse. Cooperative Extension System, University of Connecticut, Publication SEG 102

[4] Ling P. 2002. Humidity Management. Ohio Florists’ Association Bulletin. November issue. p. 8-9